Entrevista Sao Paulo, Programa de Educación para la Paz



Fernando Mauro: Sé que su mensaje llega a la gente a través de la televisión, la radio e Internet. Pero también hay un programa de educación para la paz dirigido a colectivos como grupos de vecinos o grupos sociales que necesitan escuchar esas palabras de paz.
Y me gustaría que comentara algo sobre una comunidad muy especial, la de los presos. Normalmente, a la gente no le importa los presos; están cumpliendo condena. Pero usted sí se preocupa por ellos.
Prem Rawat: Sí que me importan.
FM: ¿En qué consiste su labor con personas que están en la cárcel y que seguramente por estar en prisión no han tenido una vida fácil?
- PR: Por eso es especialmente interesante. Porque eso es exactamente lo que cualquiera podría pensar: "Están en prisión. ¿Qué esperanza les queda?" Pero tenemos un hermoso Programa de Educación para la Paz, y lo hemos llevado a las cárceles. Yo he ido a algunas a visitarlos y he hablado con ellos.
Y puede... que hayan hecho algo malo en la vida, y por eso están en prisión, pero eso no quiere decir que no sean seres humanos. Y también necesitan tener esperanza. ¿Y pueden sentir paz? ¡Sí que pueden! Y quieren tener esperanza. De lo contrario, ¿qué va a pasar? Tarde o temprano van a salir de prisión, volverán a delinquir y los meterán de nuevo en la cárcel.
El Programa de Educación para la Paz es maravilloso, y no es sólo para presos, también se muestra en bibliotecas, en asilos para ancianos. En realidad es para todo aquel que esté interesado en la paz. Y espero que el Programa de Educación para la Paz se siga difundiendo más y más, porque cualquiera que participe en él, lo encontrará beneficioso.
En la prisión de San Antonio, en Tejas, los funcionarios detectaron que las personas que participaban en el Programa de Educación para la Paz tenían el menor porcentaje de reincidencia, no volvían a prisión. Los funcionarios se preguntaban sorprendidos: "¿Qué está pasando aquí?"
Y en todas partes. He estado en cárceles de Sudáfrica, en Zonderwater, también en cárceles de Argentina y en San Antonio. Cuando voy a las cárceles veo a personas. Es tarea de jueces y abogados resolver qué delito cometieron y la pena que les corresponde.
Pero yo estoy allí como un ser humano dirigiéndose a otro ser humano, llevando un mensaje de esperanza, un mensaje de paz. Porque también ellos necesitan sentirlo. Y lo que suelen comentar es: "De haber oído este mensaje antes, no estaría hoy en prisión". Son presos que quieren que sus familias oigan el mensaje, porque saben que sus hijos están tomando el mismo camino que ellos y quieren romper ese círculo vicioso.
Somos seres humanos. Nos tenemos que ayudar unos a otros. ¿Quién más va a ayudarnos? Somos nosotros los que tenemos que ayudarnos unos a otros a darnos cuenta de nuestro potencial, todos nosotros, todos. Y también todos debemos tratar de llevar el mensaje de paz, y hacer que la paz sea posible.
No he firmado ningún contrato que diga que es mi responsabilidad traer la paz. No. Tan solo juego un pequeño papel. Y cada uno ha de hacer el suyo. Así llegará la paz.



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